Por Tania Aviña

26/06/2017

Ayudar al otro, transformar el mundo

Un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu africana. Puso una canasta llena de frutas cerca de un árbol y le dijo a los niños que aquél que llegara primero ganaría todas las frutas. Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos, después se sentaron juntos a disfrutar del premio. Cuando él les preguntó por qué habían corrido así, si sólo uno podía ganar todas las frutas, le respondieron: “Ubuntu”; ¿cómo uno de nosotros podría estar feliz, si todos los demás están tristes?

Ubuntu es una filosofía sudafricana vinculada a la lealtad y la solidaridad. El término proviene de las lenguas zulú y xhosa y puede traducirse como “humanidad hacia otros” o “soy porque nosotros somos”.

Para mí, Ubuntu tiene un significado bello y profundo, y quisiera partir de este para hablar de la actitud prosocial. A veces la veo como una capacidad olvidada o adormecida en la humanidad, lo que provoca situaciones como violencia, discriminación y desconexión. Otras veces me maravilla encontrarme con personas que encarnan actitudes prosociales de forma sorprendente, lo cual me hace recuperar la esperanza de un mundo más solidario y conectado, como con aquellos niños en Sudáfrica que se tomaron de la mano para compartir la felicidad.

La conducta prosocial se caracteriza por una preocupación por los derechos, sentimientos y bienestar de otras personas. Ayudar, consolar, compartir y cooperar son acciones propias de este tipo de conducta. ¿Qué tanto las encarnamos en nuestra vida cotidiana? ¿Qué nos impulsa a ser solidarios y apoyar a otros? ¿Qué nos detiene?

En mi opinión, asumir conductas prosociales es una decisión íntima y personal con enorme trascendencia en la vida personal, pero fundamentalmente el efecto se vive en la experiencia humana total.

La manera en que son expresadas y concretadas en la vida las conductas prosociales son únicas porque dependen de la autenticidad de cada ser. Conozco personas que son sumamente generosas con los niños, otras que encarnan actitudes de solidaridad y apoyo realmente bellas con los ancianos, conozco otras quienes se ocupan de consolar y alegrar la vida de personas que padecen alguna enfermedad y muchas otras que tienen gestos amables de una forma simple y cotidiana con cualquier persona. Tantas formas de Ubuntu, como personas y voluntades hay. ¿Cuál es la tuya?