Por Tania Aviña

26/06/2017

“Cuando vienen aquí, yo me siento importante”

Recientemente tuve la oportunidad de estar presente en algunas sesiones dia impartidas por tres  técnicas penitenciarias en distintos centros penitenciarios de la Ciudad de México. Debo decir que la experiencia fue tan emotiva que mi mente y mi corazón se quedaron girando, tal como un frasco recién agitado lleno de brillantina de colores que, después de un tiempo, desciende y permite ver la transparencia del líquido que la contiene.

Tres palabras pueden transmitir lo mucho que me permití reconocer en el proceso de agitar-serenar pensamientos y emociones: solidaridad, apoyo y generosidad. Palabras que se transforman en actos a través de las actitudes de tres mujeres admirables que han logrado valiosas transformaciones en personas privadas de su libertad.

¿Por qué trabajar en un centro penitenciario?, es una de las preguntas que se agitan cuando veo a Aidé, Eli y Yanis frente a sus participantes construyendo a través de la Mediación pedagógica un espacio de diálogo auténtico y respetuoso. ¿Qué las motiva a “darse”, a “compartirse”, en ese contexto? No tengo la respuesta exacta. Pero me queda claro que estas tres técnicas penitenciarias encarnan actitudes prosociales de forma admirable.

Admirable porque la conducta prosocial implica valentía en la intención y en el acto generoso de ayudar a los otros, esos otros que, en este caso, están internos en un centro penitenciario. Internos que participan en conversaciones poderosas a partir del arte como vehículo de mediación; internos que piensan, sienten, escuchan, se escuchan, observan con asombro las imágenes y recuerdan lo que dejaron “afuera”… se permiten SER, y en el camino, acaso construyen juntos una nueva forma de SER en el lugar donde se encuentran.

“Cuando vienen aquí, yo me siento importante”. “Este es uno de esos momentos que no me gustaría que terminara”. “Una de las situaciones que me agradaron más es que la licenciada promovió el equilibrio diciendo que no se buscaba tener la razón, sino que todos opináramos”. “Cuando yo llegué a esta clase yo contradecía todo, y aprendí algo que es muy valioso: la tolerancia” “Con las láminas recuerdo cosas que ya se me habían olvidado”. “Me puedo manifestar, si me siento mal emocionalmente”. “Cuando yo llegué a este curso yo era muy callado… empecé a participar porque la licenciada me dio la confianza. Me hizo sentir que lo que yo expresaba tenía un valor”. “Yo desde este lugar, lo veo como dos caminos a seguir, uno: o te acostumbras a vivir en la cárcel y sigues con los mismos hábitos por los cuales entraste aquí, o dos: aquí está el camino muy tenue de la adaptación, cuesta trabajo, pero…  sí se puede”.