Por Gabriela Bloise

09/10/2017

Cuestionar el estado presente de la educación para poder transformarla

Para entender los espacios educativos actuales, es necesario volver la mirada atrás al contexto histórico y social que inspiró su diseño: la era industrial.

 

Fue hace más de 350 años cuando los mismos pensadores que idearon las fábricas quienes detectaron la necesidad de que los niños y jóvenes de la época tuvieran acceso a la educación con la intención de aprender los conocimientos básicos y desarrollar las habilidades y destrezas necesarias para desempeñarse como obreros.

 

Y se crearon las primeras escuelas públicas, con el fin de masificar la educación. Es por esta razón que las escuelas se crearon tomando muchos elementos similares a las fábricas: el timbre para marcar el inicio y fin de la jornada, la división por tareas específicas (lenguaje, matemáticas, ciencias…), la segmentación de los alumnos por un solo elemento en común: el año de manufactura.

 

Regresemos al presente. Las necesidades no son las mismas, las habilidades que se requieren para el desarrollo personal y profesional no son las mismas, los retos de la humanidad son enormes, la información está en todos lados y se genera a gran velocidad. Requerimos formar ciudadanos para resolver problemas que aún no existen. El futuro que tenemos por delante es volátil, incierto, complejo y ambiguo.

 

Ante esto, la pregunta es ¿tiene sentido que sigamos replicando los mismos espacios educativos de hace más de tres siglos? ¿cómo transformamos los espacios educativos para responder a los retos y necesidades del futuro?