Por Tania Aviña

02/10/2017

De lo que estamos hechos en la adversidad

El asombro se apoderó de nosotros, nos sentimos frágiles, pequeños, frente a la imponente naturaleza. Ese día del temblor era aparentemente como cualquier otro. Las actividades cotidianas transcurrían como un día común en el que somos lo que somos y hacemos lo que hacemos. Pero no fue un día cualquiera, nuestra tierra tembló con una magnitud de 7.1, en la Ciudad de México.

¿Qué pensamientos pasaban por nuestra mente, o más bien, qué personas? ¿Qué personas nos tomaron de la mano, nos miraron a los ojos, nos dijeron “calma”? ¿A quién consolamos o quién nos consoló con un abrazo? ¿A quién llamamos y quién nos llamó? La pregunta que más hicimos: ¿Estás bien?

¿Quiénes fuimos el día del temblor?

A diez días del sismo que nos cimbró a todos, mi reflexión me coloca no en el aquí y el ahora, sino en un continuo vivir y ser en el mundo, es decir, me provoca preguntarme qué tipo de personas somos cotidianamente. Me pregunto si regularmente nos mostramos amables con los otros, aunque no los conozcamos; si obsequiamos comida al necesitado; si sonreímos simplemente porque sí al indigente de la esquina, o si pasamos de largo sin mirarlo.

¿Cómo somos con los otros cuando no hay tragedia de por medio? Las acciones cotidianas nos dan identidad y nos proyectan en el mundo.

Todos hemos visto los puños en alto de los mexicanos para levantar las casas, aunque no sean nuestras, hemos visto manos jóvenes o viejas jalando cuerdas, cargando piedras. Porque una losa pesada sólo se aguanta si muchas manos la sostienen y, en estos días hay corazón y voluntad para jalar fuerte sin preguntarnos quién es el de junto.

¿Quiénes somos después del temblor?

Los escombros serán removidos, pero muchos estarán de duelo. Para ellos mi amor y respeto por siempre. Al paso del tiempo, espero que el brío y la compasión sean actitudes pegadas a nuestro cuerpo en nuestro andar cotidiano. El día del temblor parece ser que no hubo etiquetas que impidieran sostenernos, ¿por qué habrá de haberlas después? Un temblor nos puede sacudir de forma trágica, pero la vida es la gran oportunidad para sacudir siempre nuestra consciencia, desempolvarnos y, despertar.