Por Gabriela Bloise

26/06/2017

Educar para un “nosotros” frente a un “yo”

Ante el ritmo acelerado en el que avanza el mundo, es esencial que como humanidad contemos con las herramientas y las habilidades que nos permitan trabajar colaborativamente en pro de objetivos comunes y retos complejos.

La educación juega un gran papel en esta transición. No podemos postergar más que en los espacios educativos se trabaje en estas habilidades que requerimos para lidiar con los desafíos del siglo XXI. Habilidades como la empatía, la flexibilidad, la toma de decisiones, la comunicación asertiva y la adaptabilidad, requieren que seamos capaces de conectar con el otro, de trabajar por un propósito más grande que nosotros y de unir fuerzas. Al mismo tiempo, necesitamos poder tener un manejo adecuado de nuestras emociones y la claridad de nuestro propósito personal y cómo este se alinea al bien común.

Lamentablemente en la actualidad, es común ver que en los espacios educativos se siga dando prioridad a los contenidos académicos y a la competitividad por encima de estas habilidades, valores y mentalidades de colaboración.

Una estrategia que puede apoyarnos para trabajar estas capacidades es la creación de espacios de diálogo y reflexión en los cuales podamos conversar acerca de las temáticas que nos preocupan y cobrar consciencia de la unicidad de nuestro grupo y del poder del “nosotros” frente al “yo”.

En estos espacios, debemos establecer acuerdos que permitan que las personas se escuchen unas a otras, respeten las opiniones de los demás, argumenten sus ideas y construyan colectivamente el conocimiento.

De esta forma, los participantes en estos espacios comienzan a cobrar consciencia de sí mismos, reconocen las aportaciones de otros, se crea un ambiente de confianza y seguridad en el que surgen y se desarrollan estas mentalidades y habilidades que permiten a las personas ver más allá de sí mismas y comienzan a contribuir con sus pasiones y talentos al bien colectivo.

Y tú, ¿ya conoces la metodología dia?