Por Tania Aviña

16/03/2017

El diálogo como condición para la participación social en la vida escolar

Es apasionante la manera en que se configura una comunidad educativa. Las redes que se tejen en esta compleja estructura social están teñidas por distintos factores, uno de ellos se relaciona con un tema relevante: el diálogo.

Para crear vínculos sólidos dentro es necesario aprender a dialogar. Para dialogar es necesario aprender a escuchar y para aprender a escuchar es necesario aprender a mirar al otro. Pareciera un juego de palabras sin fin, sin embargo, se trata más que nada de una serie de habilidades conectadas que permiten establecer conversaciones constructivas.

Las ganancias de aprender a dialogar son muchas. El intercambio respetuoso de ideas; la construcción de conocimientos; la apertura hacia la diversidad; la resolución asertiva de conflictos, son beneficios valiosos que se obtienen del diálogo. Uno más es la construcción de sabiduría colectiva. Esto supone a un grupo de personas que conscientemente trabajan juntas para mejorar, descubrir o crear nuevas formas de producir resultados valiosos para su comunidad.


¿Cómo empezar? Escuchar activamente es el primer paso para valorar, rescatar y hacer brillar los conocimientos de las personas, escuchar sabiendo que todas tienen algo enriquecedor que aportar. Escuchar es mirar al otro, recordando que somos parte de un todo mayor que nos acoge a todos. Sabiduría, finalmente, es diversidad.