Por Gabriela Barbeytto

22/07/2017

El diálogo interno

En una conversación que tuve hace unos días con un grupo de colegas reconocíamos la necesidad de que los niños y jóvenes hagan pausas en su día a día que les permitan contactar con sus emociones, sensaciones y sentimientos. Hablábamos de la importancia de procurarles esos momentos de silencio e introspección que favorezcan su autoconocimiento.

Sin embargo, la pregunta obligada fue como adultos, ¿con qué frecuencia nos damos ese tiempo para tener diálogos internos? ¿Realmente también hacemos pausas? ¿Qué obtenemos de esos encuentros con nosotros mismos?

Y es que el diálogo interno es esa vocecita que está en nuestra mente y con la que podemos vivir e interactuar; sin embargo, no todas las personas la escuchamos porque en realidad es una habilidad que debemos desarrollar. Afortunadamente existen diversas formas de lograrlo y convertirlo en herramienta de comunicación, pero sobre todo, de tenerlo como aliado para nuestro autoconocimiento y hasta el dominio de nuestras emociones.

De ahí la necesidad de parar, hacer pausas y mantener esos diálogos internos que nos permitan ver con otra perspectiva los problemas o las situaciones que nos preocupan, o simplemente para confiar en nosotros y en nuestras competencias para llevar a cabo nuestros planes y retos.