Por Cathy Maurer

22/07/2017

El dorado momento del diálogo

Durante la infancia de mis hijos, tuve la fortuna de compartir con ellos la hora de la comida. Este era un momento de oro para sostener un diálogo y crear un espacio seguro de expresión de experiencias, sentimientos y emociones. El nivel de profundidad de este diálogo variaba según el estado de ánimo de cada uno de nosotros: podía ser una conversación superficial en la que contábamos anécdotas de lo sucedido durante el día o un momento catártico en el que expresábamos nuestros sentimientos hacia cierta situación o acontecimiento. No importaba el rumbo que tomara la conversación, siempre que cada uno de nosotros pudiera expresarse.

Al paso del tiempo, cuando ellos entraron en la adolescencia, esta costumbre se fue perdiendo por el momento que ellos estaban viviendo y la variedad de estados de ánimo que estaban experimentando… lamentablemente esta práctica desapareció de nuestra mesa. A mí me provocó cierta tristeza y añoranza porque pensé que sería definitivo, sin embargo, para mi sorpresa no fue así; hoy que mis hijos viven sus propias vidas y nuestro contacto es mucho menos frecuente, hemos recuperado la capacidad de expresión que hace de nuestros encuentros los momentos de oro para un diálogo muy gratificante.

Mi aprendizaje ha sido que si entrenamos a nuestros hijos a dialogar, no importa que esta habilidad se pierda durante un tiempo, se recuperará cuando llegue el momento adecuado.