Por Gabriela Bloise

22/07/2017

Escuchar para dialogar

Una de las habilidades que consideramos esenciales para la evolución consciente del ser humano es sin duda: la escucha activa. Esto es debido a que es una habilidad que debe estar presente como punto de partida para que el diálogo entre dos o más personas cumpla con su intención.

Un marco de referencia que nos es de mucha utilidad para valorar el nivel de presencia y atención que podemos tener cuando estamos escuchando son los cuatro niveles de la escucha que establece Otto Scharmer, los cuales se organizan de la siguiente forma:

 

  1. Escucha superficial: Se refiere a ese tipo de escucha que tenemos cuando solamente estamos descargando la información que recibimos como si fuera un archivo en una computadora. En este nivel, sólo escuchamos lo que confirma nuestras propias opiniones y nuestros juicios, sin estar abiertos a cambiar de opinión ni a que surja algo nuevo de esta conversación. Nuestras respuestas son prefabricadas y mecánicas. Ejemplos de esta escucha son cuando estamos en la fila del banco o en un elevador y llenamos los espacios de silencio hablando del clima o del tráfico.
  2. Escucha factual: Es aquella escucha en la que tenemos una mente abierta para poder distinguir lo que ya conocemos de lo nuevo en una conversación. En este tipo de escucha estamos dispuestos a recopilar más información de la que ya tenemos, aunque no necesariamente a cambiar de opinión. Generalmente, nuestras interacciones con el otro buscan argumentar, convencer o aconsejar desde la idea de que nuestra opinión es más importante y valiosa que la del otro.
  3. Escucha empática: Es el tipo de escucha en el que somos capaces de ponernos en los zapatos del otro y dirigir nuestra atención no sólo a lo que la otra persona dice, sino también desde donde los dice; las emociones, gestos y expresiones que acompañan el lenguaje verbal. En este nivel, somos capaces de crear una conexión emocional con el otro y estamos abiertos a cambiar nuestras posturas y modelos mentales, gracias a nuestra interacción con los demás.
  4. Escucha generativa: Requiere de un nivel de presencia más profundo. En este diálogo, no estamos escuchando lo que cada quien dice, sino lo que se está creando en medio de nosotros a partir de nuestro diálogo. En esta escucha, lo importante no eres tú ni yo, sino lo que podemos construir juntos a partir de nuestra conexión y la unión de nuestros talentos. El diálogo se centra en las posibilidades del futuro que están emergiendo.

No es que ninguno de estos niveles de escucha sea bueno o malo. Todo depende del momento y de la intención. Sin embargo, hemos aprendido a partir de las herramientas y prácticas de escucha que utilizamos, que en la medida en que somos capaces de cobrar consciencia de nuestro nivel de escucha podemos ser capaces de transformar conversaciones para propiciar diálogos más reflexivos, profundos y constructivos.