Por Yadira Meza Espinosa

12/04/2017

La diferencia entre “escuchar” y ESCUCHAR

Conocí la herramienta de escucha activa en un taller de La Vaca Independiente. Durante este primer acercamiento, hicimos tres ejercicios para entender este concepto.

 

Para muchos, cuando se nombró la palabra escucha, se dio por sentado que se trataba de algo ya conocido,  por ser una capacidad de comunicación inherente al ser humano. Sin embargo, cuando en el primer ejercicio se nos pidió que durante cinco minutos sólo escucháramos sin asentir, sin decir nada, mirando a la persona que teníamos de frente y escuchándola con todo el cuerpo, tratando de quitar de nuestra cabeza cualquier otro tipo de pensamiento y aguantando el silencio que podría producirse al poner a dos personas extrañas a hablar de un tema en específico, fue cuando me di cuenta de cuánto tiempo llevaba “escuchando” mal. “Escuchando” sólo para poder contar mis historias y luchando por el protagonismo de la conversación.

 

Entendí porque solemos llegar a ese punto donde sentimos que hablamos con la pared, en lugar de con una persona. La razón de esto es porque esa persona, por no decir uno mismo,  está pensando en muchas otras cosas más y sólo asiente o dice “sí, a mí una vez me pasó algo igual” justo antes de comenzar su propia historia.


El abrir-te un espacio para conectar con las palabras, redescubrir su belleza e intensidad, es sin duda una de las más interesantes e importantes herramientas que he obtenido y bien, esto beneficia mi entorno, el mayor beneficio es para mí y para los diálogos profundos y significativos que atesoro desde entonces.