Por Cristina Díaz

07/06/2017

Padres de familia que comparten desde el corazón

El poder de abrir nuestro corazón no tiene precio, cobijados por un espacio de confianza donde se entrelazan sentimientos, experiencias y conocimientos para comprender que nadie nos enseña a ser padres, y saber que en el camino no estamos solos, nos brinda la esperanza de que podemos transformarnos juntos. Airam Zaid

 

La Vaca Independiente inició la impartición de sesiones dia Padres con Fundación Amparo, institución que difunde y apoya la educación y la cultura, dando prioridad a los sectores en desventaja económica.

Fue así como en mi primer sesión con los padres de familia, abrí el espacio  para invitarlos a compartir en parejas quiénes son, qué los distingue y qué les apasiona de la vida, motivándolos a escuchar y hablar desde el corazón, a hacer contacto visual y brindar un compromiso corporal para estar presente con los cinco sentidos, consciente de que estas pequeñas acciones comenzarían a tejer un espacio donde el juicio no tiene cabida.

Aunado a ello, enmarcar los acuerdos de convivencia y facilitar la comprensión de que la escucha atenta debe estar presente y que lo que se manifiesta ahí se hace desde un lugar de confidencialidad y respeto para honrar las historias de cada persona, es hacer explícito que se encuentran en un espacio seguro.

La imagen de “La Familia” de Rufino Tamayo abrió múltiples interpretaciones. Sus personajes, cuyas facciones no son claras, permite pensar que puede ser cualquier familia del mundo, así que hablamos sobre sus sentimientos, la relación humana entre padres e hijos, algunas ideas de unión, desprotección, falta de cariño y atención. Reflexionamos sobre lo que es una familia, los tipos de familia, tocando una puerta que dio pauta para hablar de lo que disfrutan en familia. Profundizamos en las cosas que integran a una familia, el amor, los valores, comunicación, confianza, educación, respeto, escuchar a los otros, tolerancia, empatía, etc, pero también vimos la otra cara de la moneda lo que desintegra a una familia: falta de límites, valores, padres ausentes, pérdidas físicas, separación, falta de comunicación, enfermedades, culpar a los demás, etc. También estuvo una jovencita, quien desde su punto de vista adolescente, compartió que los hijos adolescentes también necesitan ser escuchados, recibir afecto y no cargar con cuestiones emocionales de los papás.

Gracias a este espacio de confianza que cocreamos, conmovidos, los padres de familia compartieron un poco sobre su historia, los retos, el esfuerzo y sus tropiezos en la crianza de sus hijos.

Al igual que ellos, yo también me sentí muy conmovida ante sus historias y emocionada de escuchar decir que aprendieron entre ellos y que empatizan al darse cuenta que todos buscan un mismo fin: el cómo educar a los hijos.

Escuchar y sentir aprendizajes donde se manifiesta dolor, esperanza y conciencia de que nunca es tarde para aprender, me permitió agradecer a la vida  por todo lo que entregaron y porque  también aprendí al escucharlos. Entre ellos se agradecieron entre ellos, e incluso compartieron estrategias que abrieron posibilidades para disfrutar en familia.

Mi reflexión es que hoy, todos los seres humanos necesitamos mirarnos a los ojos y tener espacios para dialogar, saber que en el camino no estamos solos y que podemos transformarnos unos a otros. Una propuesta para hacerlo, sin lugar a duda, es la mediación dia.

 

¿Qué espacios tienes para conversar sobre la educación de tus hijos? ¿Cómo es la relación que quieres construir con ellos? ¿Qué puedes aprender de otros padres de familia?