Por Gabriela Bloise

09/10/2017

Ver el mundo desde la perspectiva de los sistemas

Hoy en día, es común escuchar hablar del término “sistema” o del “pensamiento sistémico”. Es por esto que vale la pena tomarnos un momento para definir qué es lo que entendemos por estos términos y para esto, una manera simple de hacerlo es partir de lo que nos es más cercano, es decir, de nosotros mismos.

 

Si entendemos un sistema como “todo aquello a lo que le puedes poner una frontera alrededor” o “una red de elementos que comparten la misma coherencia” podríamos partir de la siguiente pregunta: ¿cuántos sistemas conforman a un ser humano?

 

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A esta pregunta hay dos posibles respuestas. Si respondemos desde la perspectiva de la biología tradicional, podríamos decir que el ser humano está conformado por 12 sistemas (nervioso, circulatorio, muscular, linfático, y demás que nos enseñaron en la primaria). Pero si lo vemos desde una perspectiva más amplia, cada célula que conforma nuestro cuerpo es en sí misma un sistema; un solo cabello conforma dentro de sí un sistema por lo que la respuesta a esta pregunta sería simplemente: infinito. Infinito número de sistemas nos conforman.

 

Ahora te podría preguntar: ¿de cuántos sistemas formas parte? ¿cuántos sistemas se ubican entre ti y el universo?

 

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Para empezar, formas parte de un sistema al que llamamos “familia” que está conformado por los miembros de ese grupo al que perteneces, pero también formas parte de diferentes sistemas de amigos, de la organización en la que trabajas, del grupo de personas que conforman el género con el que te identificas, de las personas a quienes les gusta el helado de chocolate (¿a quién no le gusta el helado de chocolate?), de quienes viven en cierta ciudad, país, de quienes habitan el planeta Tierra. Como te habrás dado cuenta, la lista es interminable. De nuevo, la respuesta es: infinitos.

 

Entender el mundo desde la perspectiva sistémica nos ayuda a darnos cuenta de que todos los elementos que conformamos el universo estamos interrelacionados lo que nos permite abordar las situaciones que nos rodean y tomar decisiones dándonos cuenta que al modificar un elemento del sistema estamos teniendo incidencia en otros.

 

De esta manera, dejamos de ver las situaciones como factores lineales y aislados en las que A es igual a B y abrimos nuestra perspectiva hacia nuevas maneras de pensar, imaginar, relacionarnos y enfrentarnos a los retos y necesidades del futuro considerando la complejidad del universo que nos rodea.